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Las empresas y proyectos que no generen impacto social positivo, no tendrán cabida en el sistema por el simple hecho de que la sociedad no las aceptará.

En mi opinión personal, está afirmación tan apocalíptica responde a los criterios de un cambio social y demográfico derivado del relevo generacional, natural por otro lado. Vivimos tiempos en los que las nuevas generaciones manejan otros valores, ni mejores ni peores, simplemente distintos.

La responsabilidad social se postula, desde hace un tiempo, como el valor por el que las nueves generaciones apuestan con la perspectiva de dejar un mundo mejor, la sostenibilidad de los recursos naturales y el cuidado del medio ambiente.

En el ámbito puramente empresarial podemos manejar distintos grados de implicación social en función de cada empresa y, sobre todo, de su tamaño y su ámbito de actuación. En este sentido, la empresas más grandes e incluso multinacionales, desarrollan un ámbito de impacto social a un nivel global, mundial.

Por el contrario, las empresas más pequeñas trabajan este concepto atendiendo a las necesidades de su comunidad más cercana. Esta es una manera en el que el impacto es más medible porque es directo, se puede palpar.

Personalmente tengo la impresión de que, aunque las dos buscan rentabilizar esta acción desde el punto de vista de la imagen y el posicionamiento, es en las pequeñas empresas en las que existe una implicación mayor por parte de las personas que lideran proyectos e implantan la acción social, se hace de una manera más pura porque realmente se siente así, más allá de entenderlo «solo» como una acción de marketing.

CÓMO AFECTA ESTA ACCIÓN A LAS EMPRESAS

Como decía al principio, tengo la sensación de que en un futuro cercano será condición sine qua non para todo tipo de empresas y proyectos, y esto que ahora se postula como diferente se convertirá en un elemento rutinario.

A día de hoy la RSC constituye un factor diferencial y un argumento de comunicación en la estrategia de las empresas, y habrá que valorar cómo se utiliza en un futuro. En este sentido, el movimiento B Corp y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS 20 – 30), tal vez sean las estrategias que marquen el rumbo en el sentido de ordenar y estructurar unos criterios comunes en cuanto a los requisitos para re – establecer las estrategias en esta línea.

Desde un punto de vista corporativo, soy de los que piensa que estas acciones son muy valoradas por la comunidad que integran las pequeñas empresas, y desde esta perspectiva aporta en la fidelización de clientes y genera empatía.

Por otro lado, creo que se percibe como oportunista en las grandes empresas que la realizan desde un punto de vista interesado a las que les falta alma y, sobre todo, coherencia entre lo que dicen y lo que realmente hacen. Supongo que sabes a lo que me refiero.

 

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