La sensación de perder el tiempo persigue y condena al ser humano. Estamos permanente buscando ocupaciones para relajarnos y tener la sensación propia de que estamos haciendo algo. Aunque sea inútil. Somos así.

Vivimos en una sociedad en la pensar está mal visto. No seamos hipócritas, cuando alguien te dice que le pagan por pensar automáticamente hacemos un juicio de valor. Por el contrario, si una persona está permanentemente ocupada transmite la sensación de persona importante.

Hace un tiempo que leí un libro del que además del contenido, me llama poderosamente la atención su título: PIENSE Y HÁGASE RICO. Que digo yo, este tal Napoleon Hill pudo ponerle el título de Trabaje duro y hágase rico. Pero sin embargo, no lo hizo.

Los estereotipos sociales hacen estragos en detrimento de la evolución de la sociedad. Una sociedad en la que cada vez vivimos más deprisa, tenemos mejores avances que nos ayudan a optimizar todo lo que hacemos y, paradójicamente, tenemos menos tiempo. Disponer de tiempo es un bien del que no disfrutamos, y hemos llegado al punto en el que cuando lo tenemos, no sabemos muy bien qué hacer con él.

Vamos a ponernos optimistas, y vamos a pensar que sí sabemos qué hacer con él, y entonces, ¿a qué lo destinamos? ¿acaso lo destinamos a pensar? ¿dedicamos tiempo a ver cómo podemos evolucionar? ¿pensamos cómo podemos hacerlo?

El consumismo instaurado en la sociedad nos arrastra hacia la creencia de que pensar es un lujo que no nos podemos permitir. Mantener el ritmo y el alto nivel de vida al que, libremente, nos hemos sometido, hace que de manera permanente tengamos que hacer cosas que nos generen reporte inmediato, porque de lo contrario, sencillamente no nos interesa. No nos sirve.

Pero entonces, ¿inmediato es ahora? Sí. Y también es cortoplacismo. O lo que es lo mismo, impulsivo. O también carente de estrategia. Desde esta perspectiva, cada cosa que hacemos nos condena a la pura supervivencia. Un paso más que no sabemos hacia dónde nos lleva, pero hace que parezca que avanzamos.

Esta falta de criterio es la que nos lleva a ser lo que somos, a vivir en un país como el que que vivimos, con una clase política como la que tenemos. Somos el burro detrás de una zanahoria que no existe, pero que nos hemos obligado a perseguir para no caer, para no perder status, nivel de vida. Y así nos luce el pelo.

Renunciamos a nuestras libertades por no pensar. Por la comodidad de lo políticamente correcto. Por hincar rodilla para que nos digan lo que está bien y lo que está mal. Y todo esto por no pensar, ¿o es precisamente así para que no pensemos? Ahí lo dejo.

Porque el largo plazo requiere de estrategia, y viceversa

Y de paciencia. Y de capacidad de adaptación. Y de objetivos. Y de mantenerlos en el tiempo. Y de tener un plan. Y de seguir pensando. Y es incómodo. Y produce desgaste. Y es cansado. Y te equivocas. Y hay que volver a empezar. Y dejas de gustar a todo el mundo. Y no te entienden. Y eres una persona rara. Y hay que complicarse la vida. Y hay que cuestionarlo todo. Y hay que decir no. Y esto te aisla. Y te conviertes en antisocial.

Estas son las consecuencias de pensar. Así que mejor no pensamos y seguimos como estamos, total, tampoco estamos tan mal, ¿no?.

Somos en los que nos hemos convertido

Verdad de perogrullo donde las haya. Realidad social que nos condena como especie. Y lo que es peor, limita nuestras libertades hasta el punto de no tener capacidad de decidir.

El pensamiento te hace libre, pero hemos elegido no tener tiempo para pensar en beneficio de mantener nuestro nivel de vida, mejor dicho, status social. 

Este esquema de vida es el que impide que evolucionemos como especie y sociedad. Nos condena a la no evolución y a ceder terreno, limitando así nuestras libertades. Entre ellas la libertad económica, aquella que solo conseguiremos si pensamos en cómo construir un sistema que en algún momento nos permita ser profesionalmente independientes, eso que es cada día más difícil y ante lo que nos resignamos en beneficio de un falso bienestar condicionado al sometimiento a aquellos poderes que tratan de que nunca seas la persona que realmente eres: una persona divina viviendo una experiencia humana de la que aprender para seguir mejorando. Eso que no interesa para que no molestes.

Así que revélate. Piensa en cómo crecer. Piensa en cómo dejar un mundo mejor. Piensa en dar guerra. Piensa en cómo ser un incordio. Piensa en ser una molestia. Defiende lo tuyo. Cuestiónalo todo. Piensa en ti.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here