Decidido, me bajo del sistema. Creo que nunca llegué a subirme, pero me da igual. Me bajo. He decidido implantar un proceso de castración para todo aquello que huele a podrido, aquello que rebosa cutrerío. No lo quiero en mi entorno, mi salud mental ha establecido un selectivo filtro y un sistema de alarmas por el que me avisa. Y realmente estoy agradecido.

Nunca he trabajado en una empresa por cuenta ajena. No sé lo que es que me ingresen una nómina. Nunca nadie me ha regalado nada, más allá del apoyo de mis padres. He vivido una vida relativamente tranquila y muy feliz. Y ahora miro a mi alrededor con absoluta desolación la realidad que vivimos a día de hoy y, sobre todo, la que se nos presenta.

Cuando decides trabajar por tu cuenta no esperas regalos, ni facilidades, ni que te doren la píldora. Más o menos sabes a lo que expones, y si lo aceptas, pues ya sabes, y si no lo aceptas una vez dentro, pues ya sabes también …

Esto de emprender o trabajar por tu cuenta es como todo en la vida, tienen su parte mala (no hay descanso, aunque si te apasiona lo que haces no es un problema) y su parte buena (que dependes de ti mismo). Este gran punto diferenciador, desde mi punto de vista imbatible, se me está cayendo. Veo, con gran tristura y nostalgia de tiempos pasados, un sistema coaccionador y limitante de la dependencia de ti mismo para pasar a un estado de dependencia del sistema.

Sigo mirando y veo fractura, falta de un sentimiento de pertenencia para luchar por el derecho a la libertad, y que cada cual la ejerza como considere oportuno, sabiendo siempre que tu libertad termina donde empieza la de tu compadre. Me apena ver una sociedad en la que ni en estos momentos somos capaces de pensar igual, aunque solo sea para defender el más importante de nuestros derechos: la libertad a evolucionar, a crecer, a expresarte, a colaborar, a que cada persona decida qué quiere hacer con su vida.

Vivo con estupefacción y desolación un recorte de libertades de magnitudes mastodónticas por parte de un sistema ante el que claudicamos. Un sistema basado en la estrategia del miedo y la limosna para montar un circo en el que ni siquiera tenemos papel alguno. Un circo del que somos meros espectadores de un espectáculo del que somos moneda de cambio. Y gratuita.

Seguimos esperando a que nos digan lo que tenemos que hacer. Y todo porque quien nos dirige sigue esperando que le digan lo que tiene que hacer. Es el momento de la humanidad, estamos en una cambio de era del que hemos elegido formar parte. Ahora no puedo mirar hacia otro lado. Ahora no puedes mirar hacia otro lado. Afrontémoslo.

El sistema cuenta con que puede cambiar la forma, pero nunca podrá cambiar el fondo. Este está dentro de tí, es propio, personal, intransferible. Nadie lo puede atacar, siempre que tú lo quieras defender.

Es el momento de sacar lo mejor de cada ser humano, vivir desde la libertad de elegir cómo queremos vivir, porque podrán coartar nuestras libertades, pero nunca nuestros sentimientos, nuestras emociones. Necesitamos de ellas más que nunca. Son la guía sobre la que estructurar nuestra libertad.

Siempre he defendido que el ser humano tiene la capacidad de generar su propia realidad, aquella que es capaz de pensar, de expresar y de sentir. La realidad de cada persona se construye desde dentro, nunca puede ser condicionada por lo de afuera, es por esto que es nuestro momento, es el camino interior. Ese que todas las personas, sin excepción, tenemos que recorrer y que no se me ocurre mejor momento para empezar.

Estamos juntos en esto. Tenemos la oportunidad de ser mejores. Y si cada persona es mejor de lo que era porque se ha superado, solo puede pasar una cosa: seremos una sociedad mejor. No dejemos que lo de afuera pueda con nosotros. Hagamos el camino individual para conseguir el colectivo.

Yo voy, ¿vienes?

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